Citas de “El amor en los tiempos del cólera”

Recopilación de algunas de mis frases favoritas del libro.

-Cada quien es dueño de su propia muerte, y lo único que podemos hacer, llegada la hora, es ayudarlo a morir sin miedo ni dolor.

-No iba a derramar una lágrima, ni iba a malgastar el resto de sus años cocinándose a fuego lento en el caldo de larvas de la memoria, no iba a sepultarse en vida a coser su mortaja dentro de estas cuatro paredes como era tan bien visto que lo hicieran las viudas nativas.

-La sabiduría nos llega cuando ya no sirve para nada.

-La muerte no era sólo una probabilidad permanente, como lo había sido siempre, sino una realidad inmediata.

-Alcanzó a reconocerla en el tumulto a través de las lágrimas del dolor irrepetible de morirse sin ella, y la miró por última vez para siempre jamás con los ojos más luminosos, más tristes y más agradecidos que ella no le vio nunca en medio siglo de vida en común, y alcanzó a decirle con el último aliento: -Sólo Dios sabe cuánto te quise.

-Los síntomas del amor son los mismos del cólera.

-Así terminó pensando en él como nunca se hubiera imaginado que se podía pensar en alguien, presintiéndolo donde no estaba, deseándolo donde no podía estar, despertando de pronto con la sensación física de que él la contemplaba en la oscuridad mientras ella dormía.

-Contéstale que sí-le dijo-. Aunque te estés muriendo de miedo, aunque te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no.

-Se reconoció, se sintió dueña de sí misma por primera vez, se sintió acompañada y protegida, con los pulmones colmados por un aire de libertad que le devolvió el sosiego y la voluntad de vivir.

-Amor del alma de la cintura para arriba y amor del cuerpo de la cintura para abajo.

-Es como si no fuera una persona sino una sombra.

-Él sólo le ofreciera bienes terrenales: la seguridad, el orden, la felicidad, cifras inmediatas que una vez sumadas podrían tal vez parecerse al amor: casi el amor. Pero no lo eran, y estas dudas aumentaban su confusión, porque tampoco estaba convencida de que el amor fuera en realidad lo que más falta le hacía para vivir.

-Recuerda siempre que lo más importante de un buen matrimonio no es la felicidad sino la estabilidad.

-Le había llegado la hora de preguntarse con dignidad, con grandeza, con unos deseos incontenibles de vivir, qué hacer con el amor que se le había quedado sin dueño.

-El amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más cerca de la muerte.

-Es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites.

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